
Los tatuajes siempre me han llamado la atención. Es posible verlos en distintas formas a lo largo de toda la historia del hombre, y son para mí un hito representativo de la evolución del pensamiento abstracto y la estética.
Si bien no son vistos con aprecio en ciertas circunstacias, por ejemplo, algunas entrevistas de trabajos o clubs o las fuerzas armadas en general, siento que uno es lo que necesito para sentir que todo esto ha terminado.
Por fin he logrado estar bien, tomar las riendas de mi vida y decidir que no soy una víctima, sino que una sobreviviente. Posiblemente no tenga sentido, pero es porque sólo lo tendrá para mí, estoy segura. Ahora que he logrado ceder el control y aceptar todo en su actual situación me siento por primera vez en la cima de la montaña, y aunque quizás Jason me lo ponga en duda (xD) creo que sí he madurado. Pero esta madurez adquirida no me ha vuelto más seria y tranquila, sino que al contrario, me llena de satisfacción y alegría, y la necesidad de abarcar la creación en un abrazo enorme. Tengo ahora la fuerza que tanta falta me hacía, la tranquilidad y la paz que no conocía antes. Y todo fue resultado de dejar de luchar.
Pero nada me asegura que no volveré a caer. Es por esto que un dragón sería el guardián ideal de mi nuevo tesoro, la sabiduría adquirida por experencias. Símbolo de fortaleza, sabiduría y longevidad, un dragón chino es el cierre perfecto, la síntesis g´rafica de este difícil proceso, y un recordatorio permanente de que no debo volver atrás.
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